24 de agosto de 2006

Agustín Cravioto (1831-1863): el mártir


Agustín Cravioto es el menos conocido de los italianos de Huauchinango. ¿La razón? Que murió asesinado a los 32 años de edad.

Nació en Huauchinango, Puebla, en 1831, y fue el segundo hijo de Simón Cravioto y María de la Luz Pacheco. Al igual que sus hermanos fue comerciante antes de dedicarse a "la carrera de las armas".

La historia que incluyo a continuación es íntegramente tomada del libro Huauchinango Histórico de Sandalio Mejía Castelán.

Cuenta Mejía Castelán que durante la intervención francesa, la tropa de Rafael Cravioto capturó a dos miembros del bando enemigo, uno se llamaba Santiago Romero y al otro lo apodaban El Fonche, ambos originarios de Chignahuapan, Puebla.

Agustín intercedió por ellos ante su hermano Rafael y no sólo impidió que los fusilaran sino que consiguió su liberación. Sin saberlo, estaba signando su propia muerte, ya que estos serían sus asesinos.

La noche del 30 de octubre de 1863, acompañado únicamente por su asistente Zenón Barrios, Agustín fue a visitar a una mujer que vivía en Zacatlán, Puebla (en ese momento en manos del enemigo).

La empleada doméstica de la mujer avisó a sus enemigos de su presencia en Zacatlán. Él fue advertido a tiempo y se dispuso a escapar. Los antiguos protegidos fingieron retirarse, pero regresaron más tarde. Advertido por segunda vez, se ocultó dentro de un montón de mazorcas guardado en una troje de la casa.

La doméstica en cuestión lo delató a señas. Los perseguidores lo sacaron de ahí sin ropa (sólo llevaba puesto un calcetín) y lo condujeron ante sus jefes, quienes ordenaron humillarlo antes de darle muerte.

A las cuatro de la mañana, después de pasearlo desnudo por las calles de Zacatlán, se enfilaron con rumbo a Chignahuapan, donde pensaban fusilarlo, pero temerosos de que los hermanos lo rescataran, prefirieron pasarlo ahí mismo por las armas. Él se negó a que le vendaran los ojos y sólo pidió que no le dispararan en la cara.

Posteriormente, sus ejecutores enviaron el cadáver a la familia. Iba cubierto con su capa y como único vestuario, el calcetín ensangrentado. En la frente mostraba un letrero que decía: "En premio de gratitud".

Fue enterrado en la capilla que los Cravioto tenían junto a la parroquia y en su lápida se leía: "Esta tumba guarda los restos del señor Coronel don Agustín Cravioto que fue sacrificado por la libertad de su Patria en la ciudad de Zacatlán el día 30 de octubre de 1863".

Por último, un detalle macabro. Según García Castelán, Ramona Anduaga de Cabrera, hija de Josefa Cravioto y sobrina de Agustín, guardó como reliquia el calcetín ensangrentado.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario